El Papantón: El 'guardián de las mariposas' que da la bienvenida a Juanacatlán
Ahí estado, desde antes de la llegada de los humanos a estas tierras y se ha mantenido en el imaginario de la comunidad de generación en generación.
En Juanacatlán existe un elemento geográfico que se mantiene como un silencioso centinela de la identidad municipal: el Cerro de Papantón.
Al llegar a este municipio desde El Salto, el paisaje ofrece una postal que combina la intervención humana con la naturaleza.
Ahí estado, desde antes de la llegada de los humanos a estas tierras y se ha mantenido en el imaginario de la comunidad de generación en generación.
Según documenta la Historia breve de Juanacatlán, al cruzar el puente, la vista se encuentra de inmediato con esta formación geológica. El cerro se alinea de "manera pintoresca", funcionando como una "bienvenida acogedora" para propios y extraños que se adentran en el municipio.
"Lugar de Mariposas" El nombre del cerro no es casualidad y encierra un profundo simbolismo natural. También conocido como Papantl, su toponimia se traduce literalmente como “lugar de mariposas”. Este nombre evoca una riqueza natural que complementa el significado del propio nombre del municipio, Xonacatlan, o "lugar donde abundan las cebollas" (o jícamas endémicas).
En un entorno que ha visto transformar sus dinámicas rurales hacia la industrialización y los servicios, el Papantón conserva una función social vital. La fuente destaca que este monte no es solo un adorno en el horizonte, sino que funge activamente como un "sitio de visita, descanso y esparcimiento" para la gente de la localidad.
El cerro se erige así como un espacio de respiro: tiene un altura de 1,943 metros sobre el nivel del mar.
Mientras el Río Santiago y su cascada han sufrido los estragos de la contaminación y la urbanización desordenada, el "lugar de las mariposas" permanece como un recordatorio de la belleza original del paisaje y un punto de encuentro para la comunidad que busca descanso.
Aunque, en las últimas décadas, el cerro ha estado amenazado por incendios, deforestación y urbanización, es un recordatorio que cuidarlo significa preservar un bastión de "visita, descanso y esparcimiento" para la comunidad, manteniendo viva la identidad de un pueblo que se niega a ser devorado por la mancha urbana y la contaminación.
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