Sentimiento de la Final Infantil en Estadio Jalisco
Hoy salí del Estadio Jalisco con el corazón apachurrado.
Fui a ver la primera final de la Copa Jalisco Infantil Femenil con toda la ilusión de ver a niñas disfrutando el futbol, creciendo, aprendiendo y viviendo algo que debía ser inolvidable. Pero lo que presencié fue todo lo contrario.
A niñas de primaria las pusieron a jugar en un estadio profesional, bajo un sol que caía a plomo, en un horario inhumano. El partido estaba programado a la 1:30 de la tarde y, sin avisar, lo adelantaron a la 1:10, ni siquiera les permitieron calentar. Desde ahí todo empezó mal.
Durante el juego pasaron cosas que no se pueden ignorar. En el segundo gol, el equipo de El Salto estaba haciendo cambios y las niñas que debían entrar ni siquiera habían ingresado a la cancha. Literalmente estaban jugando con cuatro menos… y al árbitro no le importó.
El primer tiempo lo terminaron tres minutos antes. En el segundo tiempo hubo atención médica que detuvo el juego casi cinco minutos, más de diez cambios, interrupciones constantes… y aun así, terminaron el partido exactamente en el minuto 50, sin reponer ni un solo segundo del tiempo perdido.
Todo se sentía forzado, apresurado, como si lo único que importara fuera liberar la cancha para el siguiente partido. Y mientras tanto, las verdaderas protagonistas —las niñas— terminaban cansadas, quemadas por el sol y con una tristeza que dolía ver.
¿De verdad a alguien se le ocurrió que era buena idea poner a niñas a jugar una final en una cancha profesional, con porterías de adulto, recorridos inmensos y bajo ese calor?
Esto no fue una final, fue una muestra de cómo la mala planeación puede arruinar una experiencia que debía ser mágica para ellas.
Ojalá quienes organizan estos torneos entiendan que no se trata de lucir escenarios, se trata de cuidar a las niñas, de respetar su esfuerzo y de darles condiciones dignas para jugar como siempre lo hacen: en canchas acordes a su edad, a su nivel y a su bienestar.
Porque hoy, más que perder un partido, perdieron ellas. Y eso es lo que más duele.
Anónimo
*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de La Cascada*
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