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Los trabajadores de la fábrica y su labor

Los trabajadores de la fábrica y su labor

En algunas ocasiones, el ingreso al a Fábrica Textil era mediante herencia familiar, el trabajo se heredaba, de padre obrero a hijo como futuro trabajador, el cual era contratado para ejercer las mismas labores, como es el caso de Don Pedro Ocampo, que al enfermar su padre fue contratado como carpintero para dar continuidad, Don Pedro le aconsejaba la mejor manera de solucionar las reparaciones que debían hacerse.

Estaba encargado de mantener en buen estado y perfectamente alineadas las tablas que detenían las lanzaderas, ya que cualquier falla por pequeña que fuera podía causar gran desastre en la fabricación de tela. El trabajo debía ser perfecto, por eso la habilidad de trabajar bien la carpintería especializada en este proceso, era muy importante, mantener las tablas bien pulidas y con la exactitud al colocarlas en su lugar era cuestión de precisión, esto se convertía en un secreto profesional muy bien guardado por quienes se dedicaba a ello.

Otra forma de entrar en labores a la fábrica era practicando futbol, además el ser muy bueno y disciplinado para el juego, aseguraba permanencia en la fábrica, tal y como lo hizo Don Ismael, él como muchos jugadores de los principales equipos, siempre contó con un trabajo remunerado gracias a la disciplina y gran habilidad que mostraban en la cancha, y en especial a él lo llevó a ser jugador profesional.

Don Guadalupe Montelongo, quien platica:

Un día que andaba jugando ahí por el seguro, donde era el basurero, me fui a bañar al tanque en la quinta, cuando me encontró mi mamá me dijo: 'ándale que te anda buscando el ‘Palomo’, dice que vayas a la fábrica', yo creí que era para algo del futbol, en es entonces yo ya estaba jugando en las infantiles del Rio Grande, tenía 16 años, llegué a la oficina y me dijo: “espérate un rato”, duró buen rato y no me hablaba, cuando por fin me llamó, era para decirme que iba a trabajar, para eso tenía que pasar un examen médico donde el peso corporal era importante, así que solo por que pesaba 47 Kg, ya con eso pude entrar como aceitero.

Con el tiempo me ascendieron a pasar por los distintos departamentos hasta quedar ya en el de tejido. Ya allí, tenía la responsabilidad de mantener trabajando diez o veinte máquinas, cuidando las lanzaderas para evitar que se reventaran los hilos. Así que era un trabajo muy pesado. Debía llevar algunos instrumentos de trabajo como eran un peine, una aguja larga que se usaban para las labores, siempre en una bolsita hecha con algún retazo de mezclilla.

Siempre en el turno de en la mañana, al llegar a trabajar recibía la máquina del turno que salía, funcionando así que revisaba que las máquinas no tuvieran un hilo suelto, porque de ser así se subía la malla había que desenredar el hilo, ya que de no hacerlo salía la tela con una falla muy grande. Un motivo para detener alguna de las máquinas era cuando reventaba un hilo, había que meterlo en las hojillas para atarlo de manera especial, hilos de manta o azules para la mezclilla.

El nudo con el que se ataba el hilo era tan característico que por eso se incluyó en el escudo de la fábrica, lleva un amarre que era como el que hacían para reparar cada uno, y así evitar que se notara en el producto final.

Si alguna maquina no funcionaba revisaba la falla y solicitaba la reparación, si era solo de ensartar yo lo hacía, el trabajo era mantener todas las maquinas funcionando así que era andar alrededor vigilando que ninguna dejara de funcionar correctamente y evitar que la tela saliera con defecto.

Por ejemplo, había una falla que le decíamos reja, esta se corregía destejiendo el pedazo que estaba mal, solo salía el hilo blanco todo enredado, y se volvía a unir. En el año 1945, el sueldo que yo tenía era de treinta y dos pesos, ¡ah! pero nos daban un bono por tener la maquina limpia, eran como de tres punto cincuenta, o cuatro pesos más.

Entrar al primer, segundo o tercer turno con el pensamiento de hacer el trabajo lo mejor posible y cuidándolo al máximo para no perderlo, era el objetivo diario de la mayoría de los obreros que sabían que este sería el sostén de su familia, y por tal, la puntualidad y calidad con la que lo hacían aseguraba su permanencia durante mucho tiempo.

Los distintos departamentos de producción funcionaban con mucha precisión, gracias a la ardua labor de los trabajadores, casos un oficial y un ayudante por cada cuatro máquinas se encontraba un oficial y uno o varios ayudantes, dependiendo el departamento y el grado de complejidad del trabajo.

La fábrica se conformaba por los departamentos de: compras, transporte, almacén, desbrozadora, limpieza, embotado, proceso para hacer hilo y teñirlo, ensartado de las máquinas, tejido antiguo y tejido moderno, lanzaderas, tablas, además todas las máquinas eran de marca Picañol y Jumberca, de origen español, muy conocidas por los obreros. 

En cada área había un especialista que podía reparar las fallas, cuando surgía una, el obrero que manejaba la máquina llamaba al “correitero” este era un obrero capacitado en la reparación correcta de la maquinaria y sus partes, en algunos casos debían levantar una tabla con el color que correspondía al tipo de descompostura. 

La humedad dentro de la nave debía controlarse para evitar que el hilo se resecara y se rompiera, este proceso era controlado desde la caldera principal. Las maquinas se apagaban los sábados a las 7:36 p.m.


Sobre la autora: Verónica Becerra es habitante de la Cabecera Municipal de El Salto y promotora cultural. 

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