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La limpieza: labor importante, pesada y gratificante

La limpieza: labor importante, pesada y gratificante

LOS BAÑOS DE LA FÁBRICA, LOS BAÑOS PÚBLICOS Y LOS LAVADEROS:

Los trabajadores de la Fábrica tenían como exclusivos, baños en sus instalaciones de trabajo, en los que contaban con regaderas de las que podían hacer uso en el momento en que ellos quisieran, incluso las personas que conocían a los dirigentes sindicales como era el caso de la familia Rosales y los allegados a ellos. 

Estos contaban con un tiempo determinado para poder usar las regaderas, y había que llevar su propia toalla, ropa limpia, jabón y estropajo, este último era un utensilio muy popular por aquel entonces y se conseguía de la planta que crecía en forma de guías, consistía en dejar secar al sol sus frutos, que no eran más que un tipo bagazo de la planta, posteriormente se le quitaban todas sus semillas y ya se podía utilizar.

Los lavaderos comunitarios, se encontraban sobre la calle Academia, más o menos a la altura de las calles 400 y 500, se erigía un edificio realizado con el mismo estilo del caserío de Las Cuadras, con un tejado a dos aguas, que albergaba los lavaderos que se posicionaban frente a una pila de agua, el punto de reunión de las mujeres de las cuadras.

El olor a la mezcla de jabones utilizados por cada de las usuarias que acudían a lavar su ropa resultaba muy agradable de respirar, ese olor a limpio que caracterizó por mucho tiempo a los lavaderos resultaba gratificante, acudían todas generalmente con su propia tina de lámina en la que cargaban su ropa sucia, jabón, lejía y almidón.  

En aquel tiempo toda la ropa se lavaba completamente a mano, convirtiéndose en una de las actividades más pesadas y satisfactorias, para algunas mujeres, ya que hacer esto era parte de su orgullo, al ser tan difícil que la ropa quedara impecable ya que requería de técnica al tallar, fuerza y sapiencia en el uso del jabón en cantidad y calidad adecuada a cada prenda, luego llevar la pesada carga a su casa y tender en el único lugar disponible al frente de la casa, con unos tendederos realizados con palos y lazos que se atrancaban de manera diagonal. 

Todas estas labores, aunque parece algo sencillo, implicaba mucho esfuerzo. 

Mantener limpios a todos los integrantes de la familia y pasear con ellos sintiendo el gusto de ser quien proporcionaba ese logro es un sentimiento muy especial.

De cualquier manera, este trabajo fue cambiando con la llegada de las lavadoras mecánicas, que se convirtieron en uno de los regalos más apreciados por las madres, ver su cara de satisfacción al contar entre sus amigas que el día de las madres o en navidad su esposo o sus hijos les habían regalado una, era como contar con un tesoro invaluable.


Sobre la autora: Verónica Becerra es habitante de la Cabecera Municipal de El Salto y promotora cultural.

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de La Cascada*

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