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La cloaca de los re­cuerdos

La cloaca de los re­cuerdos

COLUMNA INVITADA

Miguel Mejía

Habitante de Las Pintas, Periodista, pedagogo y ex-docente de español

@MiikeMejia

Los más viejos aún lo recuerdan. Los jóvenes quizá no tienen idea. El paso del tiempo ha transformado de forma abrupta el panorama a tal grado, que el punto de enlace entre las conversaciones de unos y otros se limita a “el agua”. Para los primeros, hablar de la Presa de Las Pintas, en El Salto, es revivir con júbilo anécdotas, mientras que para los segundos es simplemente referirse al “gran vertedero”.

Echar un vistazo rápido, lo más que la peste permita, a la presa, que se localiza en el límite con el municipio de San Pedro Tlaquepaque, es darse cuenta de que al parecer el sitio ha sucumbido. Hablar de que hace 30 años era un espacio de recreo, una zona para acampar y para disfrutar de los beneficios que provenían de sus aguas es referirse a otro lugar. Hoy, el agua dejó de tener esa concepción de pura y cristalina. Es casi imposible hablar de fauna marina, porque aunque parezca insólito hay peces, que cómo sobreviven, quizá sea por esa capacidad de adaptación de la que habla Darwin en El origen de las especies. Y flores sólo crecen las del lirio que en temporadas llega a cubrir gran parte de la superficie.

De paraíso pasó a ser un enorme basurero. El depósito ideal para llantas, muebles viejos, animales muertos y centenares de objetos que se vierten en el agua o se arrojan a los alrededores. El conducto por el cual fluyen los residuos humanos de los habitantes de las colonias vecinas, que terminan en el cauce del río Santiago. Y que, además, ahora es el terreno de relleno donde grandes firmas comerciales construyen sus establecimientos.

Ante tal situación no surge más que cuestionar sobre qué es lo que piensan y opinan las personas que viven en la cercanía de la presa. Acaso también se han adaptado al entorno como los peces al agua contaminada. O será que decidieron que todo quedara en remembranzas que resultan inverosímiles a las presentes generaciones.

Algunas respuestas reflejan un alto grado de conformismo y otras un gran nivel se sumisión.

Excusas y más excusas. “¡Así nos tocó vivir!”, “¡qué podemos hacer!”.

Ideas, pero sólo eso, ideas. “Sí limpiaran el agua”, “si la gente dejara de tirar basura”.

¿Y las acciones?

Es evidente que la presa no volverá a ser ni la mínima parte de lo que antes fue. El daño que ha sufrido por el conformismo y descuido de la mayoría puede remediarse si se vuelcan los ideales en retomar esos recuerdos de ayer, para que hoy se inicie la transformación y este sitio deje ser lo que las nuevas generaciones llaman “cloaca”.

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de La Cascada.

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