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Fue lindo mientras duró

Fue lindo mientras duró

¿Qué es la vida? ¿Existe algún propósito? ¿Cuál es el sentido de la existencia? Grandes mentes a lo largo de la historia se lo han cuestionado. El pensamiento científico, filosófico, religioso y artístico están influenciados por la búsqueda de responder estos cuestionamientos. A pesar de los intentos y de las definiciones que existen el día de hoy, aún no hay una respuesta. La pregunta de si hay realmente un propósito para la existencia del ser humano, tanto a nivel personal como a nivel social, es lo que nos mantiene vivos y activos en el mundo. Esa decepción constante de vivir, por cualquier razón que encontremos válida, las inseguridades que nos atacan por cosas tan banales como la estética de nuestro cuerpo, la adquisición de cosas, el poder o la inconformidad de no tener una pareja. ¿Qué sentido tiene cualquier cosa ante no saber realmente por qué existimos en el mundo?

Hoy en día vivimos casi obligados a llevar una vida feliz sin siquiera entender qué es la felicidad o de dónde viene. La vida cotidiana contemporánea vende ideas de bienestar perpetuo y de egoísmo disfrazado de amor propio, esto relega las emociones reales. Según Schopenhauer, el ser humano no será feliz en un mundo libre de “miseria y de pena”, sino todo lo contrario. Es parte de la contradicción de la vida, sin la consciencia de la muerte no hay valor por la existencia. Entonces ¿Por qué nos aferramos a negar las emociones?

Pero ¿qué tiene que ver todo eso con una serie animada de animales antropomórficos? Francamente, todo. Cuando empecé a ver Bojack Horseman pensé que sería una serie que podía ver acompañando el desayuno o antes de dormir. Me equivoqué y eso es porque Bojack Horseman me invitó a reflexionar y a aceptar cosas que estaban en mi mente, pero que nunca realmente había analizado.

Es difícil definir el show o hacer una sinopsis breve. Intentar sintetizarlo me ha llevado semanas y no lo he logrado. Generalizar la serie es como pretender generalizar la propia vida. Bojack Horseman es impredecible. La narrativa de la serie toma un curso natural desde un inicio, hay momentos y oportunidades que pasan y no se repiten. Desde el minuto uno te sientes inerme en la trama y hay un clic casi instantáneo con los personajes. La identificación que se forma con ellos puede llegar a ser algunas veces un poco chocante por la similitud que tienen con la realidad. Bojack no existe para hacernos pasar un buen rato y sobrepasa la crítica social, Bojack Horseman es una sátira de la realidad y por eso avanza tal como ella.

Lo que vemos en los primeros episodios se vuelven hints importantes para entender a los personajes y el resto de la historia. Tal como sucede con las experiencias del ser humano quien se va formando acorde a ellas y que lo construyen tal y como es en el presente. Hay un juego interesante sobre la memoria, la felicidad y el concepto de “tocar fondo”. Las acciones no son exclusivas del protagonista, los personajes que lo acompañan crecen y se desenvuelven independientemente de él.

Las situaciones que pasan los personajes de Bojack Horseman son tan cotidianas que no se puede evitar la proyección. Seguro muchos han llorado en el auto mientras manejan o atravesado por un divorcio, como Diane. O tal vez ocultado su inseguridad bajo una pila de parejas que van y vienen constantemente, como Mr. Peanutbutter. O simplemente no encontrar un lugar en el mundo e improvisar cada cosa que haces, como Todd. Ser mujer y no encontrarte “femenina”, practicarse o considerar un aborto y sentirte comprendida en lugar de juzgada. Madres cansadas o en transición de comprender su nueva realidad por más deseado que haya sido el bebé. ¿Quién no se identifica con esas situaciones? En estos personajes encontramos rasgos que generan empatía, en algunas ocasiones somos Diane, otras somos Princess Carolyn o Mr. Peanutbutter o el mismo Bojack.

Bojack Horseman nos regala una narrativa peculiar, se vuelve aún más interesante cuando los creadores experimentan y se arriesgan con elementos narrativos distintos a lo convencional de su propio universo. Episodios surrealistas en donde se retrata una visión de la muerte muy ad hoc del protagonista como lo es A medio camino, 20 minutos de capítulo sostenido por un solo personaje dando un monólogo en Churro gratis, sin dejar de mencionar el episodio en el que conocimos a la incomprendida Beatrice en La flecha del tiempo y por supuesto Como pez fuera del agua un episodio mudo. Y sólo menciono mis favoritos.

Hay un sinfín de referencias a la cultura popular, al arte y al pensamiento filosófico. Como parte de la decoración de muchos de los espacios podemos reconocer pinturas famosas que bien podrían ser vistos como homenajes a la vez que son sátiras: Warhol, Matisse, Hockney, Marc, todos estos decorando la casa de Bojack, también encontramos referencias a: Klimt, Chagall y Botticcelli. Los cameos de personajes que pertenecen al mundo real, algunos siendo adaptados por la serie y otros utilizando su identidad como: Daniel Radcliffe, Quentin Tarantulino, Paul McCartney, Jessica Biel, Zach Braff. Me quedo corta al mencionar sólo estos ejemplos.

El estilo visual de Bojack tiene una esencia auténtica y fácil de distinguir, los colores y la animación forman parte del lenguaje que crea la serie, pues todo funciona y gira hacia el mismo lugar, haciendo sentir al espectador parte del universo de Hollywoo. Aunado a esto, los diálogos, los personajes memorables y el humor con el que se tratan las situaciones, hacen que Bojack Horseman funcione como un retrato satírico de lo absurda, banal y efímera que es la vida.

A través de los ojos de los personajes se desenvuelven temas controversiales y relevantes que forman parte del conflicto narrativo de algunos capítulos en específico. En ocasiones el tratamiento es serio y otras veces se rompe la tensión con un ligero toque de humor. Temas como: la desmitificación de la maternidad, del amor, del aborto, de la estética del cuerpo, la exploración de la sexualidad, la desigualdad de género, la burla que llegan a ser los partidos políticos, la superficialidad de los movimientos progresistas, la credulidad del mundo ante las redes sociales y una crítica al capitalismo. Todos estos temas destacan por el retrato absurdo y exagerado que se les da. Desde el cambio de identidad de una ciudad por la falta de una letra, hasta la cobertura de noticias sin sentido, un aborto falso transmitido en vivo a través de redes sociales, leyes aprobadas para que los ricos puedan asesinar a quien quieran o un Bojack que se dice ser feminista para ganar más fans.

Ver Bojack Horseman es como leer un libro que describe todo lo que sientes y sentirte comprendido o escuchar una canción que expresa, con la letra y la melodía, todas las emociones que existen dentro de ti en ese momento. Cada capítulo es una experiencia nueva de emociones y pensamientos que son expuestos por los personajes, sin filtro, mismos que seguramente como seres humanos hemos tenido, pero no nos atrevemos a decir en voz alta. Por eso una serie como la de Bojack se convierte en una voz importante que debe de ser escuchada. La exposición cínica de estos pensamientos, aunado a la exploración de temas como depresión, ansiedad, adicciones, sexualidad, entre otros; convierte a Bojack Horseman en una serie más humana que cualquier live action.

Sobre el autor:

Itzel Urzúa es amante del cine, la televisión y la literatura. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y maestra en Humanidades.