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De los cambios imaginarios a cambios reales

De los cambios imaginarios a cambios reales

Desde la colonización y los primeros tabiques de la República con Iturbide, hasta hoy en día con Andrés Manuel y MORENA, siempre ha existido una gran desigualdad en la sociedad mexicana provocada, en su mayoría, por la gente que ha estado en el poder.

A los que les ha tocado estar arriba se han interesado primeramente en lo que les pueda beneficiar a sí mismos, y como última prioridad: el pueblo mexicano. Ya sea una pequeña región, una ciudad, o el país entero. Y no por nada en nuestro país la gente conoce expresiones como “con comida se mueve el perro”, “con dinero baila la muñeca”, o “el que no tranza no avanza”. Definitivamente la distribución de recursos tan egoísta que han llevado a cabo los gobernantes en nuestra historia es lo que ha llevado al descontento social y la poca confianza que se puede depositar en una figura de autoridad o institución del Estado hoy en día.

Todo esto puede ser una buena razón para explicar el por qué de la violencia y la incertidumbre en el contexto histórico mexicano en los ámbitos económico, político y social. Aún así, no es la única razón que existe. Después de tantos años y tantas revoluciones, estas desigualdades se han arraigado a nuestra sociedad, haciendo más complicado el cambio; por una parte hay gente que ya se acostumbró a que “así funciona en México” mientras que también hay gente que no se conforma con eso y busca el cambio.

Sin embargo, el cambio está idealizado como lo que va a venir y no como lo que ya se está haciendo o se hizo, y yo ya no sé si está idealizado por las autoridades que supuestamente están encargadas de traer ese cambio o de las personas que ya se creyeron ese tipo de cambio. ¿A nosotros de que nos sirve aumentar cifras en indicadores que nos comparan con otros países, si en la práctica no se ven reflejados esos números? Incluso el cambio se manifiesta sólo para una parte de la población.

Desde luego, debido a la profunda división y desigualdad, nunca se le va a dar gusto a todos y mucho menos va a beneficiarlos. Lo que sí puede pasar es que se tomen acciones concretas en problemas que afectan, si no es a toda, a la mayoría de la población. Háblese de servicios básicos, de salarios dignos, de programas sociales con más visión, de reducir los feminicidios y la violencia en el país y en los estados. De cosas de las que ya estamos cansados y, reitero, nos afectan a todos.

Ejemplo de esto es la continua disputa que tanto el presidente y sus amigos, como el pueblo (que he de destacar, solo una reducida parte de este se toma la molestia de indignarse por estas cosas) llevan a cabo respecto a la gente fifí, periodistas fifís, oposición fifí y todo lo que estos hacen. El presidente podría emplear el tiempo que gasta descalificando todo eso, que sólo provoca un aumento en el sentimiento de división en los ciudadanos, en realizar acciones que genuinamente nos lleven al cambio, porque hasta el día de hoy muchos de sus antecesores han asegurado que el cambio ya estaba pasando cuando en los hechos no se veía tan claro como en el discurso.

Más que confiar en las acciones del presidente y de su equipo, confío en que nosotros, el pueblo mexicano, vamos a dejar de buscar el cambio en la figura presidencial y vamos a buscarlo como sociedad. Pero tenemos que hacer énfasis en algo muy importante: todos debemos de luchar con los mismos objetivos. Como dice Andrés Manuel, tenemos que hacerlo todos juntos. Dividiéndonos entre nosotros y separándonos entre fifís, chayoteros, chairos, opositores y demás, ningún cambio que se pretenda hacer nos va a beneficiar.

 Sobre Elias García:

Originario de Guadalajara, de 19 años, es estudiante de la carrera de Relaciones Internacionales en el Tec de Monterrey. Él está convencido de que el progreso de México va a ocurrir a través de su gente, no de sus gobernantes. Amante del basquetbol, los perros y debatir los problemas para pensar en futuras soluciones.

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de La Cascada.

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