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Puente de Calderón fue testigo de la historia

Menos de seis meses después del Grito de Dolores, el ejército insurgente es derrotado por los realistas en la Batalla del Puente de Calderón
Puente de Calderón fue testigo de la historia

La Batalla del Puente de Calderón aconteció el 17 de enero de 1811. Se debe destacar que había una notable desigualdad numérica entre los contendientes: cien mil insurgentes, el ejército más grande reunido sobre suelo mexicano; contra 7,500 soldados realistas.

El Puente de Calderón se encuentra ubicado en Zapotlanejo. Estratégicamente, fue un punto clave para ganar la guerra, pues significaba para los insurgentes el paso hacia Querétaro y posteriormente el acceso a la Ciudad de México.

Desafortunadamente para los insurgentes, a pesar de ser un ejército tan numeroso, carecían de adiestramiento militar. Parece que solo había 3,400 hombres entrenados y 1,200 fusiles útiles. También contaba con unos veinte mil jinetes mal armados. El resto eran soldados sin ninguna preparación bélica.

Allende y Aldama confiaban en su artillería, formada por 95 cañones y para suplir la falta de armamento, de Guadalajara mandaron a fabricar cohetes con puntas metálicas y granadas de mano para ser lanzadas con hondas.

Según algunos historiadores, La mañana del 17 de enero de 1811, Hidalgo afirmó: “Hoy desayunaré en Puente de Calderón, comeré en Querétaro y cenaré en México”. Parece que el cura esperaba que Calleja se sintiera intimidado al ver un ejército insurgente tan grande y decidiera unirse a ellos.

La historia cuenta que al principio de la Batalla del Puente de Calderón, los independentistas iban ganando y estuvieron a punto de derrotar a las fuerzas virreinales. Sin embargo, esto no sucedió, ya que los realistas estaban mejor adiestrados, bien organizados y contaban con poderosas armas, lo que determinó, después de seis horas, su triunfo sobre los insurgentes.

El inmenso ejército insurgente fue aniquilado y nunca más, ni Hidalgo, ni Allende volverían a reunir esa cantidad de gente en su lucha independentista. De hecho, se vieron obligados a retroceder y huir al norte del país.

En marzo de 1811, solo 2 meses después, Hidalgo, Allende y Aldama fueron capturados y fusilados en Chihuahua; dando así fin a la primera etapa de nuestra Independencia.