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¿Me elegirías a mí en el mundo real?

¿Me elegirías a mí en el mundo real?

“I can survive just fine without you, you know, but there’s a chance that this life can be a little less mundane with you in it.” - Sarah, Palm Springs.

El amor es un tema que ronda en mi cabeza constantemente y me fascina principalmente porque no lo entiendo, pero ¿quién lo entiende realmente? Lo que me parece más interesante al respecto, es la comprensión que hay del amor en la teoría y el limitado desenvolvimiento que tiene en la práctica. Probablemente se debe a las expectativas que se le ponen a la pareja, a la misma presión por tener una pareja y a lo que hemos aprendido que es el amor. 

Las narrativas de amor que consumimos no solo han proyectado al amor como un sentimiento involuntario, como una necesidad que debe de ser satisfecha y como el fin último para la felicidad. No, estas historias también nos han mostrado comportamientos que corresponden al “deber ser”: como que las mujeres deben de ser reservadas, no deben de mostrar interés en el sexo abiertamente, deben ser sensibles o que es el hombre quien debe de tener la inciativa, que es fuerte y protector, que parte del juego amoroso consiste en insistir y mostrar “suficiente” interés en la mujer para lograr un sí.

Estos estereotipos han impactado tanto en la vida cotidiana que no resulta extraño que algunas de las expectativas que el ser humano se hace del otro e incluso de uno mismo, vienen precisamente de lo que hemos aprendido inconscientemente en estas narrativas. Conforme nos alcanzaron los nuevos paradigmas, se encontraron nuevas formas de contar las mismas historias y los mismos estereotipos, solo que escondidos en situaciones más ad hoc a la vida contemporánea. Eso sin mencionar que hasta hace unos años el amor heterosexual fue el único que se veía en las pantallas comerciales.

Por todo lo anterior, películas como Palm Springs representan la llegada de un nuevo discurso. El film dirigido por Max Barbakow y protagonizado por Andy Samberg y Cristin Millioti, cuenta la historia de Nyles y Sarah, quienes se encuentran atrapados en un loop de tiempo, en donde todos los días es 9 de noviembre: el día de la boda de la hermana de Sarah. El filme usa inteligentemente los elementos comunes de las comedias románticas y los transforma, regalándonos una narrativa refrescante, pues rompe con estereotipos y nos muestra una visión del amor más humana y alcanzable.

Esta visión corresponde con lo que Platón y otros filósofos posteriores propusieron: el amor ideal. Un amor que se basa en la voluntad y en la creación de un proyecto en común en pareja. Es decir, el amor no es un sentimiento involuntario, ni tampoco una necesidad y mucho menos el fin último de la felicidad. El amor es un motor, es una virtud que equilibra la pasión y la razón, el amor es libertad.

Palm Springs usa la analogía perfecta para hacer entender al espectador lo que es el amor y lo que conlleva: el loop temporal. Tanto Nyles como Sarah quedan atrapados en el loop en uno de los peores días de sus vidas. El loop representa un escape para ambos, un escape de ellos mismos y de la inconformidad de la vida que llevaban. Eventualmente su vida en el loop se vuelve su vida cotidiana, generando la misma inconformidad al menos para Nyles, que lleva más tiempo atrapado.

Ante esa situación los personajes no se sienten presionados por nada que les ejercía presión en el mundo real: trabajo, dinero, pareja, etc. Es entonces que sin pretensiones y sin ninguna expectativa romántica se vuelven compañeros de aventuras, con el tiempo se conocen y se entienden el uno al otro, tanto que la tragedia termina por convertirse en algo agradable para ambos, al menos por un momento.

Es en el loop en donde Sarah se ve obligada a descubrirse y a aceptarse a sí misma, primero porque está sola y segundo porque tiene el tiempo. La presencia de Sarah al inicio, no cambia la vida de Nyles, pero su ausencia sirve como catalizador para que Nyles se encuentre de frente con la realidad que había estado evadiendo por tanto tiempo, y estando verdaderamente solo, aprende.

No es ninguna sorpresa que en cierto punto ambos comienzan a enamorarse. Sin embargo, los sentimientos que generan el uno por el otro se vuelven cuestionables para ambos, pues dudan de los sentimientos propios y del otro. Nyles está seguro de que el sentimiento desaparecerá y Sarah no confía, porque cree que Nyles la elige a ella porque no tiene ninguna otra opción.

Al final de la película ninguno de los protagonistas buscan satisfacer una necesidad, ninguno de los dos se deja llevar por la pasión. Ambos se eligen el uno al otro porque se conocen, a estas alturas entienden el nivel de compromiso que conlleva amar a alguien y aceptar ser amado por alguien, tanto que logran salir del loop y ser libres.

La idea que el ser humano se forma del amor ciertamente está influenciado por las narrativas románticas a las que hemos sido expuestos. Mentiría si no admito que en mi adolescencia fantaseaba con un Edward Bloom que llenara de narcisos mi jardín, solo para pedirme que fuera su novia, y ni siquiera me gustan las flores.

Aunque evidentemente la concepción del amor se transforma con el tiempo, gracias a las experiencias con las que uno se topa cara a cara en la realidad y la vida cotidiana, películas como Palm Springs son necesarias. Pues a través de una narrativa convencional ayudan a desasociar al amor con el sexo, las caricias o palabras bonitas, forman una visión más cruda y alejada del: “vivieron felices para siempre” y ayudan a entender que una persona no se elige solo por verla, se elige por quien es, en palabras de Nyles “...tienes que ver el paquete completo, lo bueno y lo malo”.

 

Sobre la autora: Itzel Urzúa es amante del cine, la televisión y la literatura. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y maestra en Humanidades.